Es una de las consultas que más se repiten cuando aprieta el calor: «Puse placas solares hace un año y mi factura de la luz no ha bajado lo que me prometieron». Y casi siempre, al revisar el caso, la sorpresa es la misma: el problema no está en los paneles. Los paneles producen. Lo que falla es lo que pasa después de encender la instalación, esa parte que muchas veces nadie te explicó el día que firmaste.
Tener autoconsumo solar y seguir pagando de más es más común de lo que parece, y rara vez se debe a una avería. Suele ser una tarifa que se quedó anticuada, una potencia contratada sin ajustar o unos excedentes que estás regalando sin saberlo. La buena noticia es que casi todo se arregla sin tocar el tejado.
En este artículo repaso las causas que veo sobre el terreno una y otra vez en instalaciones de Castilla-La Mancha, con ejemplos reales, para que identifiques por qué tus placas solares no ahorran lo que deberían y qué puedes hacer para corregirlo. Empecemos por la duda que genera casi todas las decepciones: esa idea de que la factura tenía que quedarse en cero.
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Toggle¿Por qué mi factura no baja aunque tenga autoconsumo solar?
Aquí conviene entender una cosa: tu factura de la luz no es solo energía. De hecho, según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), los costes regulados (peajes de transporte y distribución más cargos del sistema) suponen aproximadamente la mitad del recibo. Y esa mitad no depende de cuánta electricidad produzcan tus placas, sino de tenerlas conectadas a la red.
Lo reducen las placas
Se paga siempre
Desglosemos un recibo típico de una vivienda con tarifa 2.0TD (la de la mayoría de los hogares). Pagas cuatro bloques bien diferenciados:
- El término de potencia: un coste fijo por tener luz disponible, lo consumas o no. En 2026 subió de media un 3,72% para los hogares.
- El término de energía: los kWh que realmente gastas. Esta es la parte (y solo esta) que tu autoconsumo puede reducir a cero.
- Los peajes y cargos: costes regulados que fija el Gobierno y son idénticos en todas las comercializadoras.
- Los impuestos: el Impuesto Especial sobre la Electricidad y el IVA, que pueden representar entre un 21% y un 25% del total.
Cuando pones placas solares, tus paneles atacan únicamente el segundo bloque, el término de energía. Puedes llevarlo casi a cero en un mes soleado. Pero el término de potencia, los peajes, el alquiler del contador y los impuestos siguen ahí, mes tras mes, produzcas lo que produzcas. Por eso, aunque tu instalación funcione de maravilla, el recibo nunca llega a cero.
Un ejemplo real para aterrizarlo. Una vivienda que antes pagaba 100 € al mes suele quedarse, tras instalar automatismo bien dimensionado, en torno a 15-30 €. Ese resto que sigue pagando no es un fallo: es la parte fija del sistema eléctrico, esa que todos abonamos por estar enchufados a la red. Hablamos de un ahorro del 60-75%, que es exactamente lo que cabe esperar de una instalación bien planteada.
La única vía para una factura literalmente de 0 € sería desconectarte de la red, algo que no te recomiendo bajo ningún concepto: te quedarías sin respaldo las noches de invierno o los días de tormenta, cuando tus paneles apenas producen. El objetivo sensato no es el cero absoluto, sino pagar solo lo justo por seguir conectado.
Y aquí está el matiz que se le escapa a mucha gente: el autoconsumo no es solo energía barata, es un escudo frente a las subidas de los costes regulados. Cada año, peajes y cargos se actualizan al alza (en 2026, la parte de transporte se disparó un 12,1%). Cuanto menos dependas de la red para tu consumo, menos te afectan esas subidas que decide un despacho en Madrid. Tu tejado produce a un precio fijo durante 25 años, mientras el resto de la factura sube con la inflación regulatoria.
Así que, si tienes autoconsumo y pagas 20 o 30 € al mes, enhorabuena: tu instalación va como debe. Si pagas bastante más de eso, entonces sí hay margen de mejora, y en las siguientes secciones vemos exactamente dónde suele estar el problema.

Sigues con la misma tarifa de luz de antes de instalar las placas
Este es, con diferencia, el error que más veo. Instalas los paneles, empiezas a producir tu propia energía y te quedas con la tarifa eléctrica de siempre, esa que contrataste años atrás pensando solo en comprar luz. El problema es que esa tarifa no está preparada para gestionar lo que ahora te sobra: los excedentes.
Cuando tienes autoconsumo fotovoltaico, necesitas una tarifa solar específica, un contrato diseñado para el flujo bidireccional. Sin él, la energía que viertes a la red o no se compensa, o te la pagan a un precio ridículo. Y ahí se te escapa buena parte del ahorro sin que aparezca ninguna avería: tus placas producen igual, pero ese excedente que deberías estar rentabilizando se pierde en el limbo de un contrato mal elegido.
Por qué la compensación de excedentes no es un intercambio uno a uno
Mucha gente da por hecho que un kWh que vierte vale lo mismo que un kWh que compra. No es así, ni de lejos. La compensación de excedentes funciona a dos precios muy distintos: compras electricidad de la red a entre 0,12 y 0,16 €/kWh, pero tus excedentes te los compensan a entre 0,05 y 0,08 €/kWh según la comercializadora. En 2026, el precio más habitual de compensación ronda los 0,06 €/kWh.
Esto quiere decir que cada kilovatio que devuelves a la red, recuperas menos de la mitad de lo que te cuesta comprar uno por la noche. Por eso la regla de oro del autoconsumo es gastar tu energía en el momento en que la produces (poner la lavadora, el lavavajillas o el aire acondicionado en horas de sol) en lugar de verterla y comprarla luego más cara.
Hay un segundo matiz que es importante y que está fijado por ley (Real Decreto 244/2019): la compensación simplificada tiene un tope. Solo puedes descontar hasta el importe de tu término de energía del mes. Es decir, la compensación puede dejar tu factura de energía en cero, pero nunca en negativo: la comercializadora jamás te va a pagar dinero por producir de más. Si tus excedentes valen más que tu consumo, ese exceso se pierde (a este punto le dedicamos la siguiente sección completa, porque tiene truco).
Cómo saber si tu tarifa solar te compensa bien
Coge tu última factura y busca dos datos. Con ellos sabrás en un minuto si tu tarifa está a la altura:
- El precio al que te compensan el excedente. Si es inferior a 0,06 €/kWh, o directamente no aparece ninguna compensación, tienes margen claro de mejora. Las mejores tarifas solares de 2026 pagan entre 0,07 y 0,10 €/kWh.
- El precio de la energía que consumes a la red, sobre todo en horario valle (noche). De poco sirve que te paguen bien el excedente si luego te cobran carísimo el kWh nocturno.
El error típico es fijarse solo en el precio del excedente y contratar la tarifa que más paga por él. No es lo más inteligente. Lo que te interesa es el equilibrio entre tres variables: lo que pagas por la energía que consumes, lo que pagas de término de potencia y lo que te compensan por el excedente. Una tarifa que te paga el excedente a 0,10 €/kWh pero te cobra la luz nocturna a 0,18 €/kWh puede salirte peor que otra más moderada en ambos conceptos.
Un caso que vemos a menudo: viviendas donde no hay nadie durante el día. Generan un montón de excedentes por la mañana (que se compensan mal) y consumen todo por la tarde-noche (que se paga caro). Para ese perfil, lo prioritario no es exprimir el precio del excedente, sino tener una buena discriminación horaria con un valle nocturno barato, o plantearse una batería para desplazar ese consumo. La tarifa correcta depende de tu patrón real de consumo, no del vecino.
Produces más energía de la que consumes (y la estás regalando)
Suena a contrasentido, pero tener demasiados paneles solares también te hace perder dinero. Es uno de esos problemas que no da la cara: la instalación funciona, produce a tope, la app muestra cifras estupendas de generación… y sin embargo no ves ese ahorro reflejado en la factura. La razón es que estás regalándole energía a tu comercializadora sin saberlo.
Esto pasa mucho cuando el instalador vendió más kilovatios de los necesarios, o cuando el consumo de la casa ha cambiado desde que se dimensionó el sistema (los hijos se independizaron, cambiaste a teletrabajo, lo que sea). El resultado es una instalación sobredimensionada para tu consumo real, y ahí es donde entra en juego un límite legal que conviene conocer bien.

El tope legal de la compensación simplificada de excedentes
La compensación simplificada de excedentes, regulada por el Real Decreto 244/2019, tiene una regla que marca la diferencia: solo puedes descontar excedentes hasta el importe de tu término de energía del mes. Todo lo que produzcas por encima de esa cifra no se paga: se pierde. La factura de energía puede quedarse en cero, pero nunca en negativo.
Es especialmente doloroso en verano, cuando los paneles rinden al máximo y, a la vez, mucha gente consume menos (vacaciones, segunda residencia vacía). Veámoslo con números reales:
Imagina que en julio generas excedentes por valor de 35 €, pero tu consumo de energía de la red ese mes es de solo 15 €. Compensas los 15 €, hasta dejar tu término de energía a cero. Los 20 € restantes desaparecen. No se acumulan para agosto, no pasan al mes siguiente, no te los ingresan. Los has producido gratis para tu comercializadora.
Multiplica esa pérdida por los meses de mas sol (de mayo a septiembre) y estás hablando de 60, 80 o 100 € al año que tu instalación genera pero que el mecanismo de compensación tira a la basura.
La solución no es quitar paneles (sería absurdo), sino capturar ese excedente sobrante en lugar de regalarlo. Y para eso tienes dos caminos: la batería virtual o la batería física.
Ejemplo real · Julio
que generas
de red
cada mes
Batería virtual o batería física: cuándo interesa cada una
Son dos conceptos que suenan parecido pero no tienen nada que ver, y confundirlos sale caro.
| Batería virtual | Batería física | |
|---|---|---|
| Qué es | Saldo contable en euros | Hardware que almacena energía |
| Coste | Gratis o pocos €/mes | +30–50% sobre la instalación |
| Autoconsumo | No lo aumenta | Sube del 30–40% al 70–80% |
| ¿Da luz en apagón? | No | Sí (con modo backup) |
| Cuándo interesa | Excedentes moderados que no quieres perder | Consumes de noche o quieres autonomía |
La batería virtual no es una batería. Es un servicio contable que ofrecen algunas comercializadoras: guardan el valor en euros de los excedentes que no pudiste compensar ese mes, y lo acumulan como saldo para usarlo en meses de menos sol o incluso en otras facturas del mismo titular. Resuelve el problema del verano: esos 20 € que se perdían ahora se guardan para descontarlos en enero, cuando produces poco y consumes mucho. Tiene truco en la letra pequeña, eso sí: el saldo caduca según la compañía (algunas lo resetean cada 24 meses, otras cada 5 años, otras nunca), y conviene revisar si permite compensar solo energía o también otros conceptos. Y algo fundamental: una batería virtual no te da autonomía real. En un apagón, esos «créditos» no encienden ni una bombilla.
La batería física, en cambio, es hardware de verdad: almacena la energía eléctrica que te sobra de día para que la uses de noche. Con ella pasas de un autoconsumo del 30-40% (sin batería, gastas solo lo que produces en el momento) a un 70-80%. Además, con inversor híbrido y modo backup, te da respaldo real ante cortes de suministro (algo que en 2026, tras los apagones que hemos vivido, mucha gente valora más que nunca). Su pega es el coste: encarece la instalación entre un 30% y un 50%.
¿Cuál te conviene? Depende de tu perfil:
- Si tus excedentes de verano son moderados y solo quieres no perderlos, la batería virtual suele bastar y no cuesta nada (o muy poco al mes).
- Si produces mucho de día pero consumes de noche, o si te preocupa quedarte sin luz en un apagón, la batería física te da autoconsumo real y autonomía.
- Y hay un modelo híbrido que gana terreno: batería física para el día a día y batería virtual para el excedente estacional que ni siquiera la física logra absorber.
Cuál encaja contigo no se decide a ojo: hay que mirar cuánta energía viertes de más, en qué meses y con qué patrón de consumo. Con los datos de tu factura y tu producción real, el cálculo es sencillo y evita gastar de más en una batería que no necesitas.
No has ajustado la potencia contratada tras el autoconsumo
La potencia contratada es ese coste fijo que pagas cada mes tengas o no consumo, simplemente por tener disponible cierta cantidad de kilovatios en tu vivienda. Y es de los conceptos que más gente ignora después de instalar placas: pones el autoconsumo, tu relación con la red cambia por completo… y sigues pagando por la misma potencia de siempre, como quien mantiene la cuota de un gimnasio al que ya no va.
Conviene entender por qué cambia la ecuación. Antes de las placas, tu pico de demanda (el momento en que enchufas varios aparatos a la vez) determinaba cuánta potencia necesitabas contratar. Con autoconsumo fotovoltaico, ese pico de mediodía que antes tirabas de la red ahora lo cubren tus paneles. Tu demanda de red se desplaza a primera hora y a la noche, y el perfil se aplana. En muchos casos, eso significa que puedes bajar la potencia contratada y recortar el término fijo sin quedarte corto.
El ahorro no es simbólico. En 2026, el término de potencia subió de media un 3,72% para los hogares con tarifa 2.0TD, y en el tramo punta (P1, el más caro) es donde más se nota. Bajar aunque sea medio kilovatio de potencia contratada se traduce en un descuento fijo todos los meses del año, llueva o haga sol. Sobre una instalación bien planteada, ajustar la potencia puede suponer entre varias decenas de euros al año que ahora mismo estás regalando a la distribuidora sin motivo.
Pero ojo, porque esto tiene dos direcciones y conviene no precipitarse. Si además de las placas has añadido aerotermia o un cargador para el coche eléctrico, tu pico de demanda puede haber aumentado, no disminuido. En ese caso, bajar la potencia sin criterio te expondría a que «salten los plomos» cuando arranque la bomba de calor o cargues el coche de noche. Aquí el error contrario también existe: ampliar potencia sin necesidad dispara el coste fijo y puede anular buena parte del ahorro que conseguiste con el autoconsumo.
Un caso habitual: una vivienda con placas y aerotermia que, tras poner un cargador de vehículo eléctrico, empieza a cargar el coche a las tres de la madrugada. Como la carga coincide con el valle nocturno y no con otros consumos altos, muchas veces no hace falta subir la potencia: basta con programar la recarga en horas en que no compite con nada más. Ese pequeño ajuste de hábitos evita pagar un término de potencia más caro durante 25 años.
La conclusión práctica es sencilla: la potencia contratada correcta no se decide a ojo. Requiere mirar tu curva de consumo real después de la instalación (cuándo demandas energía de la red y cuánta a la vez) y ajustarla en consecuencia. Es uno de esos cambios que no cuesta nada hacer y que, sin embargo, casi nadie revisa tras poner las placas.
La instalación fotovoltaica no está bien dimensionada o configurada
Llegamos a la causa menos frecuente, pero también la más seria, porque aquí sí hay un problema técnico de fondo. Si has revisado la tarifa, los excedentes y la potencia contratada, y aun así los números no cuadran, toca mirar la propia instalación fotovoltaica. A veces el fallo estaba desde el primer día y nadie lo detectó.
El origen suele ser el mismo: una instalación montada con un paquete estándar sin estudiar el consumo real de la vivienda. Hay empresas que tienen kits prediseñados e intentan colocártelos encajen o no en tu caso. El problema es que no todos los tejados admiten el mismo número de paneles ni el mismo inversor, y cuando el diseño no se adapta a tu vivienda, el rendimiento se resiente aunque los equipos sean buenos.
Señales de que tu inversor está capando la producción
El inversor es el cerebro de la instalación: convierte la corriente continua de los paneles en la corriente alterna que usas en casa, y de su dimensionamiento depende cuánta energía aprovechas de verdad. Un inversor mal elegido puede estar limitando la producción de tus paneles sin que te enteres, un fenómeno que en el sector llamamos clipping.
¿Cómo detectarlo? Estas son las señales que conviene vigilar:
- La app de monitorización muestra un «techo» plano en las horas centrales del día. Si la curva de producción se corta en línea recta al mediodía en lugar de dibujar una cúpula, es que el inversor no puede procesar todo lo que generan los paneles y está desperdiciando ese exceso.
- Producción por debajo de lo estimado para la época del año, de forma sostenida. Un buen instalador te entregó una previsión de generación; si la realidad queda muy por debajo mes tras mes, algo falla.
- Luces de aviso naranjas o rojas en el inversor, o códigos de error recurrentes en la pantalla. Una luz roja suele indicar un fallo crítico que interrumpe el funcionamiento; una naranja, avisos de sobretensión o temperatura.
- El inversor se apaga y reinicia solo, sobre todo en las horas de más calor. Suele ser sobrecalentamiento por mala ventilación o por estar mal ubicado, algo habitual cuando se instaló sin respetar las distancias que marca el fabricante.
Ninguna de estas señales se arregla desde el sofá: requieren que un técnico revise la configuración, el dimensionamiento y la ubicación del equipo. Pero identificarlas a tiempo te ahorra años de producción perdida.
Sombras, medidor mal conectado y otros fallos que restan rendimiento
No todo es el inversor. Hay una serie de fallos más discretos que van drenando el rendimiento poco a poco, y que rara vez saltan a la vista:
- Sombras sobrevenidas. Una instalación que se diseñó sin sombras puede haberlas ganado con el tiempo: un árbol que ha crecido, una antena nueva, la ampliación del vecino, una chimenea que proyecta sombra en invierno. Las sombras parciales penalizan más de lo que parece, porque pueden reducir la producción de toda una cadena de paneles, no solo del que queda tapado.
- Medidor de consumo mal conectado. Es un fallo típico de instaladores con poca experiencia en fotovoltaica. Si el medidor que controla tu autoconsumo está mal instalado, las lecturas de ahorro que ves en la app están falseadas: puedes creer que ahorras más o menos de lo real, y las decisiones que tomes a partir de ahí serán erróneas.
- Cableado infradimensionado. La sección del cable que va de los paneles al inversor tiene que calcularse según la distancia y la intensidad. Si se puso un cable demasiado fino, la instalación funciona, pero pierde energía por el camino en forma de calor, sobre todo en tramos largos.
- Suciedad acumulada. En zonas con poca lluvia y mucho polvo o calima (algo muy de Castilla-La Mancha en verano), la mugre sobre los paneles puede restar hasta un 15% de producción. Una limpieza periódica recupera ese rendimiento perdido.
La buena noticia es que casi todos estos fallos tienen arreglo una vez identificados. Lo complicado es detectarlos, porque la instalación sigue «funcionando» y produciendo; solo que rinde por debajo de su potencial. Por eso, cuando el ahorro no llega y ya has descartado tarifa, excedentes y potencia, una revisión técnica de la instalación suele destapar dónde se está escapando el dinero.
Checklist: qué revisar si tienes placas solares y no ahorras lo esperado
Antes de dar por hecho que tu instalación va mal (o de gastar dinero en ampliarla), repasa estos seis puntos en orden. La mayoría se resuelven sin tocar el tejado, revisando papeles y ajustando el contrato. Es el mismo recorrido que hacemos nosotros cuando alguien nos llama porque sus placas solares no ahorran lo prometido:
- Ajusta tus expectativas primero. Si pagas entre 15 y 30 € al mes y esperabas cero, no tienes ningún problema: esa es la parte fija del sistema (potencia, peajes, impuestos) que se paga siempre. Tu instalación funciona bien.
- Revisa tu tarifa de luz. Comprueba si tienes una tarifa solar con compensación de excedentes y a cuánto te pagan el kWh vertido. Si es menos de 0,06 €/kWh o no aparece compensación, ahí tienes tu primer punto de mejora.
- Mira si viertes de más en verano. Si tus excedentes de los meses de sol superan tu consumo de red, estás perdiendo esa energía por el tope legal de compensación. Valora una batería virtual para no perder el saldo, o una batería física si además quieres autonomía.
- Comprueba tu potencia contratada. ¿Sigue siendo la misma que antes de instalar? Puede que estés pagando de más en el término fijo. Ojo si has añadido aerotermia o cargador de coche: ahí el ajuste requiere criterio, no bajarla a lo loco.
- Consulta tu producción real. Entra en la app de tu inversor y compara la generación con la estimada para esta época del año. Una desviación grande, un «techo» plano al mediodía o luces de error son señales de revisión técnica.
- Descarta sombras, suciedad y fallos ocultos. Un árbol que ha crecido, calima acumulada sobre los paneles o un medidor mal conectado pueden estar restando rendimiento sin que lo notes. En verano, una limpieza recupera hasta un 15% de producción.
Si tras este repaso identificas dónde está el problema, muchas veces la solución es tan simple como cambiar de tarifa o afinar la potencia. Y si no lo tienes claro, ese es justo el momento de pedir una revisión profesional: con tu factura y los datos de producción, un técnico localiza en poco tiempo por dónde se te está escapando el ahorro.
Cómo optimizar el ahorro de tu instalación en Castilla-La Mancha
Si algo deja claro todo lo anterior es que instalar las placas es el principio, no el final. Una instalación fotovoltaica es un sistema vivo que conviene revisar y ajustar con el tiempo: la tarifa, la potencia contratada, la gestión de excedentes, la posible incorporación de una batería o de aerotermia para aprovechar mejor lo que produces. Ahí está la diferencia entre amortizar tu inversión en 5 años o en 10.
En Castilla-La Mancha hay un factor añadido que juega a tu favor y que mucha gente no exprime: las horas de sol. Las provincias de la región están entre las de mayor irradiación del centro peninsular, con valores de hora solar pico que rondan las 5,6-5,8 horas diarias de media anual. Eso significa que una instalación bien optimizada aquí produce más que la misma instalación en el norte, y que el margen para afinar el ahorro es todavía mayor. A esto se suman las bonificaciones locales (descuentos en el IBI de hasta el 50% en varios municipios, reducciones en el ICIO y la deducción del IRPF vigente hasta final de año) que muchos dueños de placas ni siquiera solicitaron en su día.
El problema es que optimizar todo esto requiere conocer el terreno: qué tarifa encaja con tu perfil de consumo, si te compensa una batería según cuánto viertes, qué potencia contratar tras añadir un cargador de coche, o qué bonificación puedes reclamar en tu municipio concreto. Son decisiones que no se toman con una calculadora genérica de internet, sino mirando tu factura real y tu producción real.
Si tienes placas solares en Castilla-La Mancha y notas que no ahorras lo que te prometieron, podemos revisar tu caso. Analizamos tu factura, tu producción y tu perfil de consumo para decirte exactamente dónde estás perdiendo dinero y cómo corregirlo. Muchas veces el ajuste es tan sencillo como cambiar de tarifa o afinar la potencia contratada, y se nota desde la primera factura.
Preguntas frecuentes
¿Es normal seguir pagando luz si tengo placas solares?
Sí, es completamente normal. Una instalación conectada a red nunca deja la factura a cero, porque el autoconsumo solo reduce el término de energía, pero no el término de potencia, los peajes, el alquiler del contador ni los impuestos. Esos conceptos suponen alrededor de la mitad del recibo y se pagan siempre. Lo esperable en una instalación bien dimensionada es pasar de unos 90-110 € al mes a 15-30 €, un ahorro del 60-75%. Si estás en esa horquilla, tu instalación funciona correctamente.
¿Puedo dejar la factura a 0 € con autoconsumo?
No, mientras sigas conectado a la red. La compensación de excedentes puede dejar tu término de energía a cero, pero por ley (Real Decreto 244/2019) nunca en negativo: la comercializadora no te paga dinero por producir de más. Y siempre quedan los costes fijos (potencia, peajes e impuestos) que no dependen de lo que generes. La única forma de una factura literalmente de 0 € sería desconectarte de la red, algo desaconsejable porque te quedarías sin respaldo las noches y los días nublados, cuando tus paneles apenas producen.
¿Merece la pena cambiar de comercializadora si ya tengo placas?
Depende de cuánta energía viertas. Si tienes una tarifa antigua sin compensación de excedentes, o te compensan por debajo de 0,06 €/kWh, cambiar a una tarifa solar competitiva casi siempre compensa y puede suponer varios cientos de euros al año si exportas bastante. Pero no te fijes solo en el precio del excedente: mira también lo que pagas por la energía que consumes de la red, sobre todo en horario nocturno. La mejor tarifa es la que equilibra los tres conceptos (consumo, potencia y excedente) según tu patrón real, no la que más paga por el kWh vertido.
¿Qué hago con los excedentes que genero de más en verano?
En verano es habitual producir más de lo que consumes, y por el tope legal de compensación, ese exceso se pierde. Para no regalarlo tienes dos opciones: una batería virtual, que guarda el valor en euros de esos excedentes como saldo para descontarlo en los meses de invierno; o una batería física, que almacena la energía para usarla de noche y, con inversor híbrido, te da respaldo ante apagones. La batería virtual suele bastar si tus excedentes son moderados; la física interesa si produces mucho de día, consumes de noche o quieres autonomía real. Con los datos de tu factura se calcula fácilmente cuál te conviene.

Antonio Galiano forma parte del equipo técnico y gerencia de Ecogal Energía. Con más de 20 años de experiencia en energías renovables, ayuda a clientes a aprovechar al máximo la instalación de placas solares y soluciones eficientes. Apasionado de la sostenibilidad y del asesoramiento claro y sencillo.





