Este 2026 nos está pasando algo muy concreto. La gente no nos viene diciendo «quiero instalar aerotermia». Viene diciendo algo mucho más normal: “La caldera sigue funcionando, pero ya no sé si me compensa”. Y casi siempre detrás hay lo mismo: facturas que ya no cuadran, una revisión más cara que la anterior o la sensación de que estás atado a un combustible que hoy vale una cosa y mañana otra.
Un caso muy típico últimamente: vivienda unifamiliar con caldera de gasóleo. No está rota, pero cada invierno se van miles de euros en calefacción. Hay que estar pendiente del depósito, del arranque, de la limpieza… y siempre con el run-run de “como se estropee, la broma es seria”. Cuando esa gente oye que otros han cambiado la caldera por aerotermia, la pregunta sale sola: “¿Merecerá realmente la pena o es una moda?”.
Y aquí es donde vamos a hablar claro. La aerotermia no es magia. Sí es cierto que en la mayoría de casas funciona muy bien y el cambio se nota rapidísimo, pero en otras, si no se analiza bien antes, el ahorro puede no ser el que esperabas o el sistema no trabaja cómodo. El problema es que casi todo lo que se lee por ahí pinta la aerotermia como perfecta, y la realidad es bastante más matizada.
Por eso este artículo va justo de eso: de contar cuándo compensa cambiar la caldera por aerotermia en 2026 y cuándo no, con ejemplos que vemos a diario y números que tienen sentido. Sin venderte nada y sin decirte que todo es fácil, porque no lo es.
Tabla de contenidos
TogglePor qué se está produciendo un cambio masivo de calderas a aerotermia
El cambio no está viniendo porque la aerotermia sea una novedad ni porque ahora todo el mundo quiera lo último. Viene, sobre todo, porque mantener una caldera de combustión empieza a salir caro y a generar demasiadas dudas en muchas viviendas.
El primer motivo es el coste del combustible. En una casa media con caldera de gasóleo, el consumo anual suele moverse entre 1.200 y 2.000 litros. A precios actuales, eso significa fácilmente 1.500-2.400 euros al año solo en calefacción, dependiendo del invierno. En gas natural pasa algo parecido: muchas familias están pagando fácilmente 1.500–2.400 euros al año solo en calefacción, dependiendo del invierno. entre calefacción y ACS, con picos difíciles según el mercado.
Luego está el mantenimiento, que muchas veces se infravalora. Revisiones obligatorias, limpiezas, ajustes, pequeñas reparaciones… En calderas con más de 10 años es habitual gastar 200-400 euros al año solo en mantenerla funcionando correctamente. No es una gran avería, son muchas pequeñas cosas que van sumando y que cada invierno te recuerdan que el sistema ya no es nuevo.
También influye la edad de las instalaciones. En 2026 hay muchísimas viviendas con calderas instaladas hace 15 o incluso 20 años. Funcionan, sí, pero consumen más de lo que deberían y trabajan a temperaturas altas todo el tiempo. Eso encaja cada vez menos con cómo usamos hoy la calefacción, donde se busca más estabilidad, menos picos y un consumo más continuo.
Y a todo esto se suma el contexto general. Cada vez más gente mira a medio plazo y se hace la misma pregunta: “¿Tiene sentido seguir invirtiendo en un sistema que depende de un combustible cada vez más caro y más incierto?”. No porque mañana se vayan a prohibir las calderas, sino porque muchos prefieren no meter más dinero en algo que saben que tiene recorrido limitado.
En ese escenario aparece la aerotermia. No como la solución perfecta, sino como una alternativa que, en muchos casos, permite reducir el gasto anual entre un 30 % y un 50 %, estabilizar el consumo y olvidarse de repostajes, combustibles y revisiones constantes. Por eso el cambio se está produciendo ahora y no hace diez años.

Eso sí, que cada vez más gente dé el paso no significa que valga para todo el mundo. Y ahí es donde entra lo importante: ver en qué casos compensa de verdad cambiar la caldera por aerotermia y en cuáles no.
Qué está pasando con las calderas tradicionales (gas, gasóleo y pellet)
Aunque desde fuera parezca que todas las calderas están en la misma situación, no todas generan los mismos problemas ni las mismas dudas. En 2026 vemos comportamientos bastante distintos según el tipo de combustible.

Calderas de gas: siguen funcionando, pero cada vez convencen menos
En muchas viviendas con gas natural la caldera sigue funcionando bien. No hay depósitos, no hay que repostar y, en general, el sistema es cómodo. El problema es que ya no es tan previsible como antes.
Cada vez es más habitual ver casas donde la calefacción se usa con mucho cuidado, bajando temperaturas o acortando horarios, y siempre con el mismo miedo: que la factura no se dispare. Además, muchas calderas de gas instaladas hace años trabajan siempre a temperaturas altas, lo que hace que consuman más de lo necesario para el uso real que se les da hoy.
Aquí la duda no suele ser “me gasto demasiado”, sino más bien: “¿Tiene sentido seguir dependiendo del gas otros 10 o 15 años?”. Y es en ese punto donde mucha gente empieza a plantearse alternativas, aunque la caldera aún no esté dando problemas serios.
Calderas de gasóleo: donde más claro se ve el cambio
En el caso del gasóleo el cambio es mucho más evidente. No tanto porque la caldera no funcione, sino por todo lo que la rodea. El repostaje, la dependencia del precio cuando toca llenar el depósito y el espacio que ocupa hacen que muchas familias estén cansadas del sistema.
Además, en casas con calderas antiguas es habitual que el equipo funcione muchas horas a plena potencia para mantener la temperatura. Eso se traduce en consumos altos y en una sensación constante de estar “quemando dinero” cada invierno.
No es casualidad que la mayoría de sustituciones por aerotermia que se están haciendo ahora mismo vengan de calderas de gasóleo. En estos casos, el cambio suele ser más agradecido y el ahorro se percibe antes, siempre que la vivienda acompañe.
Calderas de pellet: buena idea… con letra pequeña
El pellet entró fuerte hace años como alternativa más sostenible, y en muchos casos ha funcionado bien. El problema es que no es tan cómodo como parecía al principio.
Almacenamiento, limpieza frecuente, retirada de cenizas y una calidad de combustible que no siempre es constante. En viviendas donde todo eso se lleva bien, la caldera sigue teniendo sentido. Pero en otras, con el paso del tiempo, el sistema acaba siendo más pesado de lo que parecía al inicio.
En 2026 ya estamos viendo bastantes cambios desde pellet hacia aerotermia, sobre todo en casas donde la caldera exige demasiada atención o donde el uso diario ya no encaja con el estilo de vida de la familia.
Cómo funciona la aerotermia y por qué se plantea como sustituta de la caldera
La aerotermia no funciona quemando nada. Y ese detalle, que parece obvio, es el que lo cambia todo. En lugar de generar calor a partir de gas, gasóleo o pellet, lo que hace es aprovechar la energía que ya hay en el aire exterior y transformarla en calefacción, agua caliente y, si toca, refrigeración.
El sistema se basa en una bomba de calor. Lo que hace es captar el calor del aire exterior (incluso cuando hace frío) y elevar esa energía para usarla dentro de una vivienda. No crea calor desde cero, lo mueve. Por eso consume electricidad, pero muchísima menos de la que luego entrega en forma de calor.
En una casa real, esto se traduce en algo muy específico: por cada kWh eléctrico que consume la aerotermia, puede entregar 3 o 4 kWh térmicos. Esa diferencia es la que permite que, bien ajustado, el sistema sea mucho más eficiente que una caldera tradicional.
Otra de las diferencias respecto a una caldera es el funcionamiento del sistema. La aerotermia no está pensada para dar picos fuertes durante poco tiempo, sino para mantener la casa a temperatura de forma más continua y estable. Esto encaja muy bien con viviendas donde la calefacción se usa varias horas al día y no solo en arranques puntuales.
Además, la aerotermia puede cubrir varias cosas a la vez:
- Calefacción, usando radiadores existentes o suelo radiante.
- Agua caliente sanitaria, sin necesidad de acumuladores externos complejos.
- Refrigeración, en algunos casos, aprovechando la misma instalación.
Frente a una caldera, el cambio que más notan muchos usuarios no es solo el consumo, sino la sensación de estabilidad. No hay repostajes, no hay combustión, no hay chimenea ni gases que evacuar. El sistema funciona de forma más silenciosa y con menos elementos que se desgasten con el uso.
Por eso la aerotermia se plantea como sustituta directa de la caldera en tantas viviendas. No porque sea perfecta ni porque encaje en todos los casos, sino porque resuelve muchos de los problemas que hoy generan las calderas tradicionales, siempre que la vivienda y la instalación acompañen.
Cuando SÍ compensa cambiar la caldera por aerotermia
Cambiar la caldera por aerotermia sí compensa cuando el cambio mejora claramente el coste de uso y el funcionamiento diario de la calefacción. No es una cuestión de sensaciones, es de números y de cómo trabaja la instalación.
Compensa cuando el gasto anual en calefacción ya es alto. En la práctica, cuando una vivienda se mueve por encima de 1.400-1.500 € al año en calefacción y agua caliente, la aerotermia empieza a tener margen real de mejora. Ahí ya hay recorrido para reducir gasto, incluso aunque la casa no sea nueva ni esté perfectamente aislada.
Compensa cuando la calefacción se usa muchas horas al día durante varios meses. La aerotermia trabaja mejor en usos continuos, no en encendidos puntuales. Viviendas donde la calefacción está activa buena parte del día (por teletrabajo, niños, personas mayores o simplemente por confort) suelen notar antes el cambio, porque el sistema trabaja estable y sin picos.
Compensa cuando la instalación actual ya no está en su mejor momento, aunque no esté rota. Calderas que funcionan, pero:
- ya no rinden como antes
- necesitan ajustes frecuentes
- empiezan a pedir piezas o reparaciones
En estos casos, seguir invirtiendo dinero en alargar la vida de la caldera suele ser menos rentable que cambiar de sistema y empezar de cero con algo más eficiente.
Compensa cuando la vivienda no necesita temperaturas muy altas para calentarse. Esto es clave. Si con radiadores a temperaturas moderadas la casa está confortable, la aerotermia suele encajar bien. No porque los radiadores sean especiales, sino porque la vivienda no pierde calor en exceso y el sistema puede trabajar sin forzarse.
Compensa, también, cuando se busca estabilidad a largo plazo. No depender de combustibles, no estar pendiente de precios, no planificar repostajes ni asumir subidas inesperadas. Para muchos usuarios, esa previsibilidad pesa tanto como el ahorro directo en euros.
En estos escenarios, cambiar la caldera por aerotermia no es una apuesta, es una decisión lógica. No significa que el ahorro sea idéntico en todas las casas, pero sí que el sistema encaja mejor que una caldera tradicional en ese tipo de uso y de vivienda.

Cuando NO compensa cambiar la caldera por aerotermia
La aerotermia funciona muy bien en muchos casos, pero no siempre es la mejor decisión ahora mismo. Hay situaciones en las que conviene esperar, ajustar expectativas o plantear el cambio más adelante.
No compensa cuando la vivienda pierde calor muy rápido. Casas donde, al apagar la calefacción, la temperatura cae varios grados en poco tiempo. En estos casos, el problema no es el sistema de calefacción, es la envolvente. Si no se corrige eso antes, la aerotermia tendrá que trabajar forzada, consumirá más y el resultado no será el esperado.
Tampoco compensa cuando la calefacción se usa muy poco. Viviendas que solo se calientan los fines de semana, segundas residencias o casas donde la calefacción se enciende de forma muy puntual. Ahí una caldera, aunque menos eficiente, puede seguir teniendo sentido porque la inversión en aerotermia tarda mucho más en amortizarse.
Conviene pensarlo dos veces cuando la instalación actual está en buen estado y no exige gastos a corto plazo. Calderas relativamente nuevas, bien mantenidas y con un consumo contenido. En estos casos, cambiar por aerotermia no suele aportar una mejora clara inmediata y puede ser más razonable esperar a que el sistema actual agote su ciclo.
No compensa cuando la vivienda necesita temperaturas muy altas para calentarse. Casas donde los radiadores trabajan siempre al límite para alcanzar una temperatura confortable. Aquí la aerotermia puede funcionar, sí, pero lo hará con peor rendimiento y más consumo. En estos casos, antes del cambio conviene valorar mejoras previas o soluciones intermedias.
Y, por último, no compensa cuando se espera que la aerotermia haga milagros. Si el objetivo es pasar de facturas muy altas a gastos casi inexistentes sin cambiar nada más, la decepción está casi asegurada. La aerotermia mejora, optimiza y estabiliza, pero no convierte una vivienda ineficiente en eficiente por arte de magia.
Aerotermia con radiadores existentes, ¿qué ocurre en la práctica?
Esta es, probablemente, la pregunta que más nos plantean cuando cuando un cliente está pensando en cambiar la caldera por aerotermia: “¿Y me valen los radiadores que ya tengo?”. La respuesta corta es: muchas veces sí, pero no siempre de la forma que la gente imagina.
En la práctica, la aerotermia no trabaja igual que una caldera. Una caldera está pensada para mandar agua muy caliente a los radiadores durante poco tiempo. La aerotermia, en cambio, funciona mejor enviando agua a temperaturas más bajas durante más horas. Y ahí es donde entra en juego cómo responde cada vivienda.
En casas donde los radiadores ya conseguían calentar bien sin necesidad de poner la caldera “a tope”, la adaptación suele ser buena. No porque los radiadores sean especiales, sino porque la vivienda no exige temperaturas extremas para estar confortable. En estos casos, la aerotermia puede trabajar a 45-55 °C sin problemas y el resultado suele ser satisfactorio.

Donde empiezan las complicaciones es en viviendas donde los radiadores siempre han trabajado muy calientes para conseguir temperatura. Ahí la aerotermia puede funcionar, pero lo hará más forzada, con menor rendimiento y mayor consumo eléctrico. No es que no funcione, es que deja de ser tan eficiente.
En la práctica, lo que se suele hacer es:
- Ajustar la instalación para que trabaje más horas a menor temperatura.
- Valorar si algún radiador concreto se queda corto y conviene ampliarlo o sustituirlo.
- Configurar bien la curva climática para que el sistema no esté arrancando y parando constantemente.
Muchas viviendas descubren, tras unos meses de uso, que no hacía falta cambiar todos los radiadores, solo adaptar el sistema y la forma de usar la calefacción. Otras sí necesitan algún ajuste puntual, pero muy lejos de una reforma integral.
La clave está en no prometer que todo vale siempre. La aerotermia con radiadores existentes puede funcionar muy bien, pero depende de la casa, del uso y de cómo se plantee la instalación desde el principio. Cuando se analiza con criterio, el resultado suele ser mucho mejor y sin sorpresas desagradables.
Cuánto puedes ahorrar al sustituir la caldera por aerotermia
Aquí es donde casi todo el mundo quiere ir directo. Y es normal. Pero el ahorro con aerotermia no es una cifra única, depende mucho del punto de partida. Aun así, hay rangos bastante claros que se repiten una y otra vez en viviendas reales.
En términos generales, cuando se cambia una caldera de combustión por aerotermia, el ahorro suele venir por tres vías:
- Menor consumo energético total
- Eliminación del combustible
- Mayor estabilidad en el gasto anual
Lo que cambia es cuánto se nota en cada caso.
Aquí tienes una comparativa orientativa, basada en consumos reales de vivienda habitual (no segundas residencias) y con instalaciones bien ajustadas:
| Sistema anterior | Gasto anual típico | Gasto estimado con aerotermia | Ahorro habitual |
|---|---|---|---|
| Caldera de gasóleo | 1.500 – 2.400 € / año | 800 – 1.300 € / año | 40 – 50 % |
| Caldera de gas natural | 1.200 – 1.800 € / año | 800 – 1.200 € / año | 30 – 40 % |
| Caldera de pellet | 1.000 – 1.600 € / año | 800 – 1.200 € / año | 15 – 30 % |
Son rangos habituales. Una vivienda bien aislada y con uso continuo puede estar en la parte alta del ahorro; una casa más exigente, en la parte baja.
Más allá del sistema anterior, hay tres factores que cambian mucho el resultado final:
- Horas de uso reales: cuanto más tiempo está la calefacción funcionando, más sentido tiene la aerotermia.
- Temperatura de trabajo: instalaciones que pueden trabajar a 45-50 °C rinden mucho mejor que las que necesitan ir más altas.
- Ajuste del sistema: una aerotermia mal configurada puede consumir mucho más de lo esperado.
Por eso hay casas donde el ahorro se nota desde el primer invierno y otras donde el resultado es más moderado, pero más estable.
Ayudas y subvenciones para aerotermia en 2026
En 2026 hay ayudas activas para la sustitución de calderas de combustión por sistemas de aerotermia, tanto a nivel estatal como autonómico. No son todas iguales ni aplican a todos los casos, pero en muchos proyectos marcan la diferencia a la hora de decidir el cambio.
Por un lado, siguen vigentes las deducciones en el IRPF por mejora de eficiencia energética, que permiten recuperar una parte de la inversión cuando el cambio de sistema reduce el consumo energético de la vivienda. El porcentaje exacto depende del grado de mejora conseguido, pero en aerotermia bien planteada suele ser un incentivo importante.
Además, algunas comunidades autónomas y ayuntamientos mantienen programas propios de ayudas o bonificaciones, especialmente cuando la aerotermia forma parte de una actuación de rehabilitación energética más amplia. En ciertos casos, estas ayudas pueden combinarse con mejoras en aislamiento, ventanas o incluso con instalaciones de autoconsumo.
Lo importante aquí es tener claro que las ayudas existen, pero hay que planificarlas desde el inicio. Muchas requieren presentar documentación antes de empezar la obra y justificar correctamente la instalación una vez terminada. Por eso, conviene valorar este punto al mismo tiempo que se estudia si el cambio de caldera por aerotermia compensa en tu caso.
En el blog de Ecogal Energía desarrollaremos en detalle qué ayudas están disponibles en 2026, cómo funcionan y cómo se solicitan, porque es un tema que merece un artículo propio y bien explicado.
Haciendo un pequeño resumen, cambiar la caldera por aerotermia no va de elegir un equipo y ya está. Va de entender bien tu vivienda, tu consumo y el momento en el que te encuentras. Cuando el análisis es bueno, el resultado suele serlo también. Cuando se va con prisas o sin estudiar el caso, es cuando vienen las decepciones.
En Ecogal Energía llevamos tiempo viendo este cambio en primera persona. No solo instalamos aerotermia: analizamos cada vivienda, vemos si el cambio tiene sentido, ajustamos la instalación existente y planteamos soluciones realistas, sin prometer ahorros imposibles. Trabajamos tanto en sustitución de calderas de gas, gasóleo o pellet como en proyectos más completos de rehabilitación energética, combinando aerotermia con aislamiento, placas solares o autoconsumo cuando encaja.
Además, acompañamos todo el proceso: desde el estudio técnico inicial hasta la gestión de ayudas y subvenciones, para que el cliente no tenga que pelearse con papeleos ni tomar decisiones a ciegas. La idea es simple: que, si das el paso, sea porque de verdad compensa en tu caso, no porque esté de moda.
Si te estás planteando cambiar tu caldera en 2026 y quieres saber si la aerotermia es una buena opción para tu vivienda, hablarlo con datos y con criterio es el mejor primer paso. Y ahí es donde podemos ayudarte.

Antonio Galiano forma parte del equipo técnico y gerencia de Ecogal Energía. Con más de 20 años de experiencia en energías renovables, ayuda a clientes a aprovechar al máximo la instalación de placas solares y soluciones eficientes. Apasionado de la sostenibilidad y del asesoramiento claro y sencillo.





